Hace veinte años que no veo una primavera. Fue hace veinte años cuando decidí escapar de ella, y no dejarme alcanzar ya más. Mi vida transcurre entre mi casa en Suiza, mi casa en Bariloche y el jet privado. En diez años solo he visto otoños e inviernos; la idea de presenciar un verano me parece insoportable.
Desde mi cabina presurizada veo el cielo desde arriba. Ahí, en ese océano de personas, de corrientes calidas y mundos en renacimiento, ella crepita, se desdobla, sigue. La puedo ver, como hace veinte años, en un abril de la Habana. Una noche calurosísima, de sudor, salsa y foquitos en forma de flores colgando sobre la plaza pública junto al muelle. Ahí esta ella, con su piel inglesa, blanca como la nieve, blanca como mi alma, salpicada de tantos lunares en la espalda una, como de pecados la otra. Esos ojos azules azules, que parece que duelen, pero que tienen una candela por dentro, y ese vestidito de seda estampada, que se mueve al ritmo de las caderas desnudas y desenfrenadas. Una inglesa con guaguancó, en plena Habana, en una primavera descarada, rompiéndole el corazón a un latinoamericano que para encontrarse huye de se mismo.
Tiene sus ventajas. Esquiar todo el año es una experiencia maravillosa.
(y te tonifica las nalgas, que tienes que verlo).
sábado, abril 09, 2005
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4 comentarios:
Icebergs nórdicos... llamas de mi corazón, esquí y hockey... con un par de soles de media noche y obscuridad perpetua.
EXELENTE IDEA ESA DE PODER ESQUIAR SIEMPRE Y OCULTARSE DE UN RECUERDO QUE LASTIMA, PERO SOBRE TODO EXELENTE TU FORMA DE EXPRESARLO.
Toda una vida invernal.. suena tentador, sobre todo para los estivofóbicos como un servidor. Y eso de las nalgas tonificadas es un plus. Y sí, los ojos claros tienen una mirada que duele. Si lo sabré yo.
Pues la neta no se esquiar y no se me anotja mucho que digamos, pero la idea de pasar de un invierno a otro es simplemente irresistible. Yo tenia planeado vivir seis meses en Alasca y seis meses en Siberia. Todo un año de invierno y noche ... no suena bello?
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